Hay partidos que marcan momentos claves en la vida. Hace un mes en el Hard Rock de Miami
se jugó uno de ellos. Debo reconocer que no ha sido fácil escribir estas líneas. Frente a frente
las dos selecciones que más quiero y admiro. Colombia, con la que nací, crecí y moriré y
Argentina, representante de un fútbol que admiro, estudio y sigo desde niño, herencia de mi
tía Chila y la Revista El Gráfico. Quiso el destino que aquel domingo, el partido se jugara a
media hora de mi casa, pero con mi ausencia por esas cosas de la vida. El representante de
la familia fue Alejandro, mi hijo menor, quién junto a sus primos, fue testigo de los banderazos
previos, del ambiente barranquillero de los alrededores del Hard Rock, de la angustiosa previa
con un hada madrina incluida, de la eterna espera para abrir las puertas, momentos que
fueron tensos desde casa al enterarnos de los incidentes que llevaron a la demora para el
pitazo inicial, de 120 minutos intensos y de una actuación de Colombia sin nada que
reprochar, pues se cayó de pie ante el Campeón del Mundo. No fue poco llegar hasta donde
se llegó. Y mi hijo estuvo ahí. Testigo de un partido clave para la Selección y en especial,
para su generación. No pudo ser, ojalá haya otras oportunidades y él pueda vivirlas con tanta
intensidad, como en esas tres semanas previas a la final de Miami, en las que compartimos
juntos el partido Uruguay vs Panamá en el mismo estadio, ambos con camisetas
maradonianas o la dramática semifinal contra los charrúas, que vimos juntos en casa.
Aquella semifinal de Charlotte explica mucho de lo sucedido en el Hard Rock, 4 días después.
Primero por la carga emocional, pues Colombia aguantó y gestionó con 10 hombres por más
de 50 minutos frente a un equipo vertical como Uruguay y con una gran visión de Lorenzo y
entrega total del equipo, se sacó adelante un 1-0 que parecía insuficiente y de paso, se
cortaron 23 años sin pisar una final de América y se puso al equipo por tercera vez en la
historia en el juego decisivo. Pero siento que emocionalmente se tocó techo esa noche, e
incluso las lágrimas de Lucho hablando sobre James, dan muestra de ello. A todos nos
sobrepasó en lo emotivo, incluyendo a los jugadores, y no se valoró que en 4 días se jugaba
la final. No es que se haya celebrado antes de tiempo. No. Pero la carga emocional fue muy
fuerte. Y con consecuencias como la ausencia de Muñoz por expulsión, la cual fue sensible
en la final, pues Arias, su reemplazo, hizo mucho para lo que puede dar, pero no estaba a su
altura. Y aquí vino el segundo tema: El físico. Las 24 horas de diferencia entre las semifinales
de Argentina y Colombia pesaron como una losa en el partido final. No solo por el día nominal
de diferencia, si no también por las intensidades. Mientras la Albiceleste gestionó con
inteligencia y tranquilidad su semifinal frente a Canadá desde el martes, Colombia se jugó a
muerte el paso frente a Uruguay el miércoles. No es excusa, pero influyó, aunque el
calendario estaba claro desde meses antes. Argentina, lo padeció al contrario en Brasil 2014,
cuando jugó ante Alemania con un día menos de descanso y con los alemanes cerrando su
semifinal contra el Scratch en el PT del célebre 7-1 de Belo Horizonte, mientras los de Sabella
se fueron a penales frente a Holanda. Es fútbol y esas cosas pasan, pero fue un factor
determinante en lo visto en la final.
El partido, hasta que el físico, el banco y el manejo de los DT lo permitió, fue parejo y Colombia
no desentonó. Un PT donde la Tricolor fue más, pero en el que Argentina dispuso de las
mejores opciones. Y ahí vino un momento clave con la lesión de Messi, quien termina tocado
el PT, para dar paso al extendido show del medio tiempo de Shakira, una indelicadeza en
medio de un partido de alta competencia al prolongar el descanso en exceso. Si bien siempre
será un gusto ver a la barranquillera, oírla lo es cada vez menos y creo que fue otro detalle a
revisar. Para entonces, ya Alejandro estaba junto a sus primos en la atiborrada tribuna con
un himno nacional emotivo, 45 minutos de fútbol encima y aún mucho por ver.
El ST empezó a marcar el progresivo declive de Colombia con el paso de los minutos, el
manejo de los hilos de De Paul (para mí, la figura del campo y un extraordinario jugador
cuando se dedica a jugar fútbol), el cambio de posición de Di María, otra muestra de la
sapiencia de Scaloni, pues así aprovechaba las ventajas de Arias en su sector. En el minuto
66, el tobillo de Messi dijo basta y el 10 sale en medio del llanto, en otra muestra de su espíritu
competitivo. Entró Nico González de gran actuación, y ahí arranca otro partido, pues
Argentina lució mejor sin Messi y jugó más suelta. Y poco a poco, siguió inclinando el campo,
con varias opciones para haber cerrado el juego antes del tiempo suplementario. También
Colombia tuvo una opción en un penal discutido en un balón dividido entre Córdoba y Mac
Allister, una de las tres jugadas pedidas como tal en el partido (2 para Colombia y 1 para
Argentina). En mi opinión, la única que pudo haber sido fue ésta de Córdoba y al menos
ameritaba revisión y no la hubo. En estas líneas no entraré en la narrativa de víctima, tan
nuestra, tan típica de cosas como el "gol de Yepes" y otras. Creo que, por esa jugada, no se
puede hablar de robo de la Copa y frases de ese corte que se ven en redes. Antes de cerrar
el ST salen Richard Ríos y James, pues ya no daban más. Su final fue de pocas luces, pero
fueron protagonistas en una Copa brillante. Y así se llegó al final del tiempo regular. La
perspectiva de la prórroga no era la mejor para un equipo al límite como Colombia. La gente
en la tribuna, con mayoría colombiana, incluyendo a Alejandro y sus primos, estaba
expectante de lo que pudiera pasar en el calor y humedad de Miami.
Los treinta minutos suplementarios dejaron varias imágenes para el recuerdo. Por un lado,
como me dijera el periodista argentino Sergio Levinsky, era claro que entre más pasara el
tiempo, más le beneficiaba a Argentina, una especie de "reloj de arena" que jugaba a favor
de La Albiceleste, pues Colombia estaba con el tanque vacío y además los cambios no
tuvieron el mismo efecto que generaron los de La Scaloneta, a pesar del buen partido de
Quintero tras su ingreso. Aparte, la perspectiva de ir a penales, no era garantía de éxito
teniendo al frente a un maestro del tema como Dibu Martínez. El reloj corría y al minuto 97,
viene el cambio determinante al entrar al mismo tiempo Paredes, Lo Celso y Lautaro Martínez,
muestra de la riqueza del banco argentino. En el 105 salen Jhon Arias y Lucho Díaz de gran
torneo y deslucida final, pero de entrega total. También salió Lerma, extraordinario jugador
en esta Copa. Y 15 minutos después del triple cambio gaucho, ya en el ST de la prórroga y
con Alejandro y sus primos con la tensión al límite, llegó el mazazo: Lautaro, el goleador del
torneo, sentencia la final con un gol con la intervención de los tres suplentes ingresados para
liquidar el partido. Gran gol, pero doloroso para una Colombia que resistió hasta que el físico
lo permitió. Faltaban 8 minutos, pero la sensación era que ya estaba definido. Luego, hubo
poco para hacer y tras más de 120 minutos, ya con "Fideo" Di María fuera con 115 minutos
soberbios a cuestas en su despedida, el árbitro brasilero pita el final del partido. Argentina
retenía el título, ganado en 2021 en el Maracaná. En la tribuna, llanto de buena parte de la
hinchada colombiana, incluido mi hijo que como buen hombre de fútbol, vivió intensamente
el partido, esta vez con derrota.
Argentina completó así su Copa América #16, a la cabeza de la lista de galardones, dejando
atrás a Uruguay. En 3 años, Messi logró su segundo título continental, esquivo tantas veces.
Y sumado al título del mundo en Qatar y a la Finalísima 2022 ponen a la Albiceleste en la
continuación de un ciclo ganador con Scaloni. Broche de oro para una carrera en la selección
del Fideo, y la Scaloneta sigue en lo más alto, pendiente de un duelo con España, Campeona
de Europa el mismo día, para dirimir quien es el mejor equipo en estas horas. De aquí al
Mundial faltan menos de 2 años, pero Argentina luce con una solidez defensiva enorme y su
tridente defensivo con Dibu Martínez, Romero y Lisandro fue de lo más destacado que vimos
en USA. Por lo demás, la jerarquía le permitió a Argentina superar el bajón de nivel respecto
a la Copa América anterior y a Qatar 2022. De alguna manera, Argentina me recordó la de la
Copa América 1993, cuando la jerarquía le hizo retener el título, sin tener el mismo nivel
respecto al brillante equipo campeón de América en Chile 91, ambos dirigido por "Coco"
Basile. Aquel equipo venía en declive, a pesar del título y a la vuelta de la esquina estuvo el
5-0 contra Colombia, que trajo el regreso de Maradona para ir a USA 94. Pero esa es otra
historia. Ahora, de nuevo en USA, la Albiceleste tuvo dos revanchas: El sinsabor del Mundial
94 y la Copa América Centenario, perdida en penales contra Chile. Scaloni tiene 2 años para
preparar el equipo para ir por la cuarta corona. Ya no estará Di María, retirado con toda la
gloria y lo de Messi tras esta Copa, es una incógnita. La otra cuestión es que las recientes
épocas de Copas América invictas, pero sin títulos, terminaron. Esta Argentina aprendió a
volver a ganar. Salud al campeón, pues mereció ganar la final, aunque en el global del torneo
el mejor equipo fuese Colombia.
Justamente, unas líneas sobre el subcampeón. Colombia cayó con todos los honores, sin el
mínimo reproche contra Lorenzo y los jugadores. Mientras el cuerpo dio, lo entregaron todo.
En mi concepto, como en 1987 o 1993, fue el mejor equipo del torneo, pero sin la Copa como
premio final. También le pasó a Argentina en 2007 o en 2016. Es parte del juego. Pero como
dijera el propio Scaloni: "El camino de Colombia es el camino a seguir". Lorenzo recuperó a
un grupo que estaba diezmado en lo futbolístico y anímico tras quedar fuera de Qatar 2022.
Ahora, el futuro es promisorio. Con un James renacido, gratas revelaciones como Richard
Ríos y confirmaciones como Lucho Díaz, Lerma y Daniel Muñoz, además de una zaga de
centrales sólida. Desde aquí, digo que si el equipo sigue creciendo y llega como es lógico al
Mundial, vendrá a USA en 2026 a ser protagonista y debe intentar lo que hicieron equipos
como Bulgaria en 1994, Croacia en 1998 o Turquía en 2002: llevar a una gran generación a
las semifinales de un Mundial. Hay con qué. Toca seguir trabajando. El título de América
estuvo muy cerca. Faltó jerarquía en el partido final, pero el aplauso es merecido.
Final de una nueva Copa América. La siguiente en 2028 aún no tiene sede asignada. Dado
el éxito económico y las utilidades en USA, respecto a lo que hubiese arrojado en
Sudamérica, no está descartado que estas tierras se vuelvan una sede recurrente, una
especie de Copa Oro 2.0. Con la Conmebol actual, todo es posible. El show business debe
continuar.
Mi jornada de aquel domingo 14 de julio, terminó en las primeras horas del lunes 15, pues
debí ir al estadio a recoger a Alejandro y sus primos. Padecí el trancón en la zona aledaña al
Hard Rock, vi a las dos hinchadas caminando juntas, con semblantes diferentes, pero sin
problemas y sentí el silencio de mi hijo y de uno de los sobrinos, en el largo viaje de regreso,
que por la congestión fue superior a la media hora de circunstancias normales, además de
conocer los detalles de la angustiosa entrada al estadio y los pormenores de lo vivido en la
tribuna. Al llegar a casa, y despedirnos para dormir unas pocas horas, Alejandro me dijo: "Fue
inolvidable haber estado en la final. Muy triste haber perdido, pero Argentina fue mejor y De
Paul juega mucho". Ahí supe que, tantos años viendo futbol juntos, tantas charlas e historias
acompañándolo a sus partidos, han valido la pena. A pesar de ser tan hincha de Colombia y
de haber perdido, escuchar a mi hijo, reconociendo al rival, me enseñó que al igual que la
selección de Lorenzo, estamos en el camino a seguir. Enhorabuena Alejandro y Selección
Colombia! No hay nada que reprochar.
Germán E. Ocampo
Davie, FL, agosto 14 de 2024
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